Emociones después del terror. Amia 25 años

Dr. Rodrigo Archain – MN: 130.281
Médico especialista en Psiquiatría-Magister en Neuropsicofarmacología Clínica.

Ante situaciones catastróficas, en la conmemoración del atentado vivido en la AMIA hace ya 25 años, las personas tendemos a responder con síntomas de ansiedad y depresión, así como de un conjunto de síntomas específicos dentro de lo que denominamos el trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Esto se asocia a una respuesta adaptativa del organismo, esperable ante la exposición a un evento traumático, superada por la dimensión del estresor amenazante, generando así alguna respuesta fisiológica e involuntaria.

En primer lugar, es muy común la hiperreactividad o respuesta de alerta exagerada manifestadas como hipervigilancia, respuestas de sorpresa exagerada, irritabilidad, dificultades de concentración y alteraciones en el sueño.

Esta hiperreactividad, a estímulos similares a la catástrofe vivida, es específica en las personas que sufren de TEPT, sin haber estado presentes con anterioridad.

En segundo lugar, las personas tienden a recordar los sucesos vividos de manera angustiante y recurrente de manera involuntaria, pudiendo rememorar imágenes del momento, se denominan flashbacks y pueden manifestarse por mucho tiempo.

La tercera manifestación es la evitación de todo recuerdo, pensamiento, sentimiento e incluso personas y lugares que puedan relacionarse con el suceso traumático y así volver a asociarlo el evento traumático.

Por último, otras alteraciones negativas cognitivas y del estado de ánimo pueden aparecer como la amnesia disociativa, con incapacidad para recordar algún episodio vivido.

Surgen creencias negativas: “no puedo confiar en nadie”, “la calle es muy peligrosa”.

Apatía, miedo, terror, culpa o incluso vergüenza. Es muy frecuente que las víctimas tengan sentimientos de desapego de los demás, perdiendo el interés en sus actividades cotidianas y la incapacidad para experimentar felicidad o satisfacción.

Las personas que han sido víctimas de hechos traumáticos tienden a tener una visión más negativa del mundo, de los otros y de hasta de sí mismos: Aquellos que vivieron desastres naturales pueden comenzar a sentir que estar en este mundo carece de sentido, en tanto que las víctimas de ataques realizados por otras personas, tienden a crear una visión del mundo social más negativa, menos benevolente, pudiendo incluso deteriorar la visión sobre sí mismos.

No obstante, no todos los seres humanos respondemos de la misma forma a un mismo estímulo. Algunos podrán evolucionar hacia un trastorno de estrés, mientras que otros salir airosos del trauma.

A este proceso lo llamamos resiliencia y es la capacidad de adaptarse a una situación negativa y salir fortalecido, y está asociado a factores temperamentales, fisiológicos, genéticos y ambientales, propios de las vivencias de cada individuo.

Existen tratamientos específicos orientados a frenar la evolución de estos síntomas y así evitar que se cronifiquen y generen un mayor deterioro en la salud mental de la persona.

Entre ellos podemos mencionar las terapias cognitivo conductuales, focalizadas en la problemática vivenciada, y los tratamientos psicofarmacológicos, principalmente con antidepresivos.

La gravedad de los síntomas, deberá ser evaluada por profesionales de la Salud Mental y así orientar en cada caso acerca de las mejores estrategias a seguir para el tratamiento de cada individuo.